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Trinidad, la joya colonial de Cuba
 

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Vista del centro de Trinidad, con la Iglesia de la Santísima Trinidad, el convento de San Francisco y la Plaza Mayor. (Foto Velvet / Wikipedia / CC BY-SA 4.0)

por Pilar VALERO

TRINIDAD / Cuba / 8 mayo 2018 (LatinReporters.com) - La llaman la ciudad de los mil colores y es para muchos la más bonita de Cuba. Hablamos de Trinidad, una joya colonial que goza de una ubicación privilegiada entre el mar Caribe y la exuberante sierra de Escambray.

Su casco antiguo, uno de los mejor conservados de América Latina, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988 y aún conserva el recuerdo del esplendor de su fundación en 1514 cuando era una potencia de la industria azucarera.

Centro de Trinidad. (Foto Wunabbis / Wikipedia / CC BY-SA 4.0)

De estrechas calles adoquinadas, palacios señoriales y casas pintadas de vivos colores, es considerada una ciudad-museo con su centro neurálgico en la Plaza Mayor, circundada por bellos edificios coloniales.

Destacan en el centro histórico los palacios Cantero y Brunet, la Iglesia de la Santísima Trinidad y el convento de San Francisco donde, aunque duro, es recomendable subir la alta escalinata al campanario para disfrutar de una hermosa vista global de Trinidad y el fértil valle que la rodea.

Un rincón de Trinidad. (Foto Pilar Valero)

La ciudad está plagada de comercios y mercados donde se ofrecen bordados, artesanías y coloridas pinturas locales de gran belleza.

En la Casa de la Música, un centro cultural atípico muy concurrido, se mezclan cada día artistas y visitantes que bailan al ritmo del son cubano y disfrutan de la música popular de la región.

La Bodeguita del Medio en Trinidad. (Foto Pilar Valero)

Para combatir el calor es recomendable degustar una “canchánchara” (refrescante coctel local a base de aguardiente, limón, miel y hielo), visitar la animada Casa de la Cerveza y la sede local de la afamada Bodeguita del Medio.

Y para amantes del turismo de naturaleza, en el corazón de la sierra de Escambray, a una veintena de kilómetros de Trinidad, el gran parque nacional Tope de Collantes deslumbra por sus senderos, cuevas, cascadas y saltos de agua con una exótica vegetación y donde viven muchas especies endémicas.

Baile en la Bodeguita del Medio. (Foto Pilar Valero)

Entre ellas, es frecuente ver  el ave nacional “tocoroco” que exhibe en su plumaje los colores de la bandera cubana: rojo, blanco y azul.

Allí se pueden visitar, entre otras interesantes atracciones, la Casa del Café que ofrece degustación y una demostración del proceso de su elaboración.

Desde un mirador en las afueras de Trinidad se divisa el Valle de los Ingenios, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1988.

Torre de vigilancia de esclavos, en el Valle de los Ingenios, en las afueras de Trinidad. (Foto Pilar Valero)

Era  una de las zonas azucareras más importantes durante los siglos XVII a XIX y conserva sitios arqueológicos y haciendas de la época.

En el inmenso valle queda en pie por ejemplo la casona del dueño de una hacienda en proceso de restauración y una torre desde donde se vigilaba el trabajo de los esclavos africanos.

Se puede llegar también en un tren de vapor y disfrutar allí del ritual del guarapo (zumo de la caña de azúcar).

El Lago Hanabanilla. (Foto Pilar Valero)

Y en este paseo por la Cuba profunda no se puede perder una excursión hasta el majestuoso Lago Hanabanilla (en lenguaje aborigen “pequeña cesta de oro”) y acceder en lancha al pie del pintoresco restaurante Río Negro, situado en lo alto de una colina del bosque.

La especialidad es una deliciosa comida criolla regada con cerveza local y amenizada con ritmos cubanos… "Guantanamera" nunca falta.

"Guantanamera" nunca falta... (Foto Pilar Valero)


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